Afonía

img_6361

Se creía un tipo normal, del grupo de los afortunados porque tenía una vida plácida, sin sobresaltos dignos de mención. Unos meses atrás un familiar, al que hacía tiempo no veía, le dijo que su voz sonaba distinta, como cambiada. Concluyó que debía dejar de fumar olvidando el tema de inmediato.

Era martes, un martes por la tarde, cuando al compartir ascensor con un vecino, le costó articular el saludo. Pensó de nuevo en el tabaco, quizá tenía alguna afección en la garganta. Llegó a su casa e intentó decir algo, consiguió emitir un simulacro de palabras.

Vivía solo, trabajaba de ocho a tres en un diminuto despacho, del que apenas salía hasta la hora de irse. Hacía deportes por las tardes en el parque antes de meterse en un circuito de series, películas o paseos por internet por la noche en su sofá. Los fines de semana se quedaba en casa, siempre había cosas para hacer: tareas domésticas, lecturas; solo salía para comprar algo o dar  algún paseo. Hacía lo que quería, por eso se consideraba discretamente feliz.

Intentó recordar la última vez que habló con naturalidad. ¿Intentar recordar la última vez que hablé? En la pregunta que se hizo tuvo la respuesta: Ya no hablaba, no conversaba ni discutía con nadie, los amigos, o lo que quiera que fuesen ésos que le envían whatsapps, a los que contestaba y reenviaba a otros, hacía tiempo que no los veía en persona, con la familia le pasaba igual. En el trabajo saludaba moviendo las cejas hacia arriba, a la cajera del súper enseñaba su tarjeta cuando le preguntaba como iba a pagar…

Pensó en todas y cada una de sus acciones en los últimos tiempos: no recordaba haber hablado con nadie. Ésa era, y no otra, la razón única de la atrofia de sus cuerdas vocales, una falta de uso que le estaba diciendo a gritos que algo andaba mal.

CINE Taxi Teherán

Qué duda cabe que dentro de un taxi se pueden vivir historias, si no apasionantes, sí muy interesantes y dignas de pertenecer a un guión cinematográfico. Hace tiempo que vi Noche en la tierra (1991) de Jim Jarmusch y, efectivamente, contaba unas historias vividas en cinco taxis en diferentes lugares del planeta, donde unos personajes solitarios y curiosos sustentaban perfectamente esta delicada película.

Este Taxi Teherán, (2015) de Jafar Panahi, que tiene un formato parecido al film de Jarmisch, es muy interesante porque nos permite asomarnos a una país tan desconocido para nosotros como es Irán. Gracias a su cámara vemos, sus calles, sus ciudadanos, sus carencias, sus problemas. El mismo director hace de taxista, que con una cámara en el salpicadero, muestra diferentes “clientes” que se suben a él. Jafar Panahi estaba condenado en su país a no hacer películas, con esta cámara oculta desafía a las autoridades, arriesgando su libertad, mostrando una película singular, con momentos divertidos pero con un amargo sabor al contemplar a un país donde la libertad no se ve si se le espera.

Como en muchos países, el taxi en Irán puede ser compartido por distintos pasajeros, una de esas coincidencias hace que veamos una conversación entre un tipo, bastante mal educado, que desprecia los comentarios de la mujer sentada en el asiento de atrás. El hombre cree en la mano dura de los gobernantes, en las ejecuciones públicas como elemento disuasorio de delitos, aunque luego él mismo confiesa ser un delincuente; la mujer, una joven maestra, intenta argumentar que los problemas no se pueden solucionar ejecutando a mansalva. El desprecio del hombre hacia ella, por ser mujer, por sus ideas y por ser maestra es más que evidente.

Otro de los clientes que se montan en ese taxi es un vendedor de cintas de video piratas, con él nos enteramos que gracias al mercado negro se esquiva un poco la censura en Irán, el vendedor le recuerda al director, al que reconoce al montarse en el taxi, que le vendió una película pirata de Wody Allen, también hace referencia a mi adorada serie The Big Bang Theory.

Las historias que siguen retratan muy bien la sociedad iraní, cuando recoge a su pequeña sobrina nos resume la censura del régimen a partir de un trabajo escolar pues la maestra de la niña le dice todo lo que no puede filmar en un vídeo para el cole, justo todo lo que su tío, el director del film, hace con esta película: el accidentado con los gritos de su mujer y el vídeo-testamento que hace en el taxi, la abogada defensora de presos políticos a la que el propio colegio de abogados quiere inhabilitar, el amigo torturado…
En definitiva una película muy valiente, que nos hace reflexionar sobre la libertad de expresión en esta encantadora película.

Septiembre

Este septiembre todo es empezar: borrón y cuentos nuevos, lastres liberados y una pérdida irreparable. De todo se aprende, de todo se sale, de todo no se vuelve.

La vida sigue pero te transforma, las decepciones pasan a ser regalos; las amistades, tesoros; el ahora, esperanza.

No  hay mejores uvas de la suerte que actuar siempre con el corazón, por eso pongo la mano en mi pecho brindando por mi nuevo año

Antes de la primavera

225ecdf67a4ace6ac071565d3497a35c

 

Para Mari Carmen

En pleno estío se vio instalada en una montaña rusa sin buscarlo, sin intuirlo, sin imaginarlo siquiera. Le pusieron una especie de cinturón de seguridad del que no podía ni debía salir. “Las montañas rusas ya no son lo que eran, le dijeron, ahora son más seguras. Le daremos un par vueltas y podrá volver pronto a casa, tranquila”.

-Sí, tranquila dice, se quejó inútilmente. Cuando el vagón empezó a moverse ella apenas había podido asumir todo lo que se venía encima ya que aquello iba bastante rápido, el frío le helaba la sangre a pesar del calor mientras el miedo le inundaba todo el cuerpo. Le entraron ganas de gritar, de romper cosas, de destrozarlo todo, pero no podía, necesitaba sus fuerzas y sus manos para agarrar a los suyos que compartían con ella asiento. A veces el vagón marchaba lento, entonces respiraba suplicando que el recorrido transcurriera así siempre pero cuando menos lo esperaba, el bicho, que era como ella llamaba al vagón, aceleraba de tal manera que creía no tener fuerzas para asirse a la barandilla. En algunos vagones iba gente mucho más asustada, en otros, ya no había nadie.

Los espectadores de aquella trágica atracción se sentían inútiles, nada podían hacer para detener a aquel cacharro, solo se les ocurría enviarle palabras de aliento: Todo va a salir bien, todo va a salir bien, clamaban constantemente. Pero ella, que no dejaba de mirar al resto de los vagones, no se lo creía del todo.

Antes de la primavera, una madre y su hija caminan por tierra firme cogidas de la mano. La niña, sin dejar de moverse, no para de hacer preguntas. La mujer le responde a todo con una sonrisa mientras mira al cielo, agradecida. Todo ha salido bien.

El agua correr

Cuando mi madre era jovencita, casi una niña, padeció ‘fiebres tifoideas’ al parecer por comer una lechuga mal lavada. De pequeña me relataba esa enfermedad como si me contara un cuento: con el drama de las altas fiebres, su desenlace feliz… pero lo fabuloso de la historia era que aseguraba que la Virgen de los Ángeles de Alajar, se le apareció en sueños, al lado de un arroyo en medio de un bosque muy verde donde corría un río de aguas transparentes. “Y allí estaba la Virgen, mirándome, y el agua venga correr, venga correr…”

De aquello se le quedó a mi madre durante toda su vida el gusto de ver “el agua correr”, cauces de ríos, arroyos y toda agua clara que fuera por el campo con fuerza. Hizo entonces una promesa: si un día tenía hija la llamaría como esa virgencita que se le apareció, Ángeles.

Pasaron los años, cuando me tuvo a mí, única niña entre dos varones, tenía claro que me llamaría por el nombre de su madre ya fallecida entonces, pero no se olvidó de su promesa. Así que, asesorada por mi prima Cristo, me bautizaron con el increíble nombre de Asunción de los Ángeles, un nombre que no cabe en el DNI, ni en las tarjetas de crédito o del súper, ni por supuesto, en el cuadradito del buzón del portal donde vivo.

Recuerdo que una vez, ese nombre me dio muchos problemas en una frontera marroquí cuando el oficial de la aduana me decía que le mentía, que no era española, que en mi pasaporte ponía de Los Ángeles y que por tanto, era norteamericana.

Durante un tiempo, en mi adolescencia, hubiera preferido llevar el nombre de mi madre, Lola, así se lo recriminé, pero me argumentaba que con el nombre de Dolores se sufre mucho y que me llamó como tenía que llamarme.

Hoy, dos de agosto, mi madre ya no está; es el día de la Virgen de los Ángeles, una Virgen preciosa que se apareció en los sueños de una niña asustada para calmarla y aliviar sus fiebres.

La vanidosa

Foto 10-9-17 17 07 14

Cuando le lanzó el órdago llegó a pensar que ganaría pero no, ni siquiera recibió calabazas, sino lentejas por aquello de o la comes o las dejas, a ella, que esperaba comerse las perdices del cuento.

En vez de aceptar la derrota, de seguir con dignidad allí o en otra parte, optó por instalarse en la vanidad. Pasea una sonrisa que no es de mujer feliz, miente en proyectos, miente en contarlo, miente hasta en sus años. Ahora no entiende lo que pasó, lo que le pasa: el teléfono dejó de sonar, ya no es tan importante, ya no es la persona allegada a él, la que peloteaban para que le hablara de “lo mío”.  Creía que él perdía pero ha sido ella la vencida, que por no tener ya no tiene ni aduladores.

Ayer me la crucé. Estaba estacionada en su puesta de escena habitual: – Estoy fenomenal!

Ángeles

Foto 6-3-18 10 52 40No le gustaba su nombre, Ángeles. ¿Cómo se puede llamar una mujer con un nombre masculino plural? Así se quejaba cuando era adolescente y lo cuestionaba todo. Ahora ya le daba igual, reconoce que de alguna manera, su nombre le marcó: de niña le rezaba, como le enseñó su madrina,  a los “cuatro angelitos que tiene su cama” y se dormía feliz; también hubo una época en que le llamaba la atención los dibujos de angelitos impresos en cursis cajitas de cartón que ella compraba con la intención de guardar algo, aunque no sabía qué. En Navidad se fijaba en la parte arriba de los misterios de los belenes, donde buscaba el ángel anunciador como quien busca un conocido; en las iglesias que visitaba, se le iba la vista a esas figuras aladas que enmarcan los retablos barrocos, hasta tenía un imán en la nevera con un angelito. Por lo demás su vida era tan normal que su biografía podría escribirse con un “copia y pega” de la de cualquiera.

El domingo se despertó agitada. Un hombre muy bello, de dulces rasgos, se le apareció en sueños, no llevaba alas pero ella sabía que era un ángel. Le dijo que había sido elegida para una misión importante.  Mientras se tomaba el café sonreía por aquel sueño loco, pero contenta, reconocía que la había hecho feliz.

Salió a correr como cada mañana, había niebla pero no parecía que fuera a llover, sin embargo notó como algo parecía caer del cielo con suavidad: no eran copos de nieve, eran plumas blancas, miles de plumas que envolviéndola la convencieron de que sí, que ella era la elegida.