El agua correr

Cuando mi madre era jovencita, casi una niña, padeció ‘fiebres tifoideas’ al parecer por comer una lechuga mal lavada. De pequeña me relataba esa enfermedad como si me contara un cuento: con el drama de las altas fiebres, su desenlace feliz… pero lo fabuloso de la historia era que aseguraba que la Virgen de los Ángeles de Alajar, se le apareció en sueños, al lado de un arroyo en medio de un bosque muy verde donde corría un río de aguas transparentes. “Y allí estaba la Virgen, mirándome, y el agua venga correr, venga correr…”

De aquello se le quedó a mi madre durante toda su vida el gusto de ver “el agua correr”, cauces de ríos, arroyos y toda agua clara que fuera por el campo con fuerza. Hizo entonces una promesa: si un día tenía hija la llamaría como esa virgencita que se le apareció, Ángeles.

Pasaron los años, cuando me tuvo a mí, única niña entre dos varones, tenía claro que me llamaría por el nombre de su madre ya fallecida entonces, pero no se olvidó de su promesa. Así que, asesorada por mi prima Cristo, me bautizaron con el increíble nombre de Asunción de los Ángeles, un nombre que no cabe en el DNI, ni en las tarjetas de crédito o del súper, ni por supuesto, en el cuadradito del buzón del portal donde vivo.

Recuerdo que una vez, ese nombre me dio muchos problemas en una frontera marroquí cuando el oficial de la aduana me decía que le mentía, que no era española, que en mi pasaporte ponía de Los Ángeles y que por tanto, era norteamericana.

Durante un tiempo, en mi adolescencia, hubiera preferido llevar el nombre de mi madre, Lola, así se lo recriminé, pero me argumentaba que con el nombre de Dolores se sufre mucho y que me llamó como tenía que llamarme.

Hoy, dos de agosto, mi madre ya no está; es el día de la Virgen de los Ángeles, una Virgen preciosa que se apareció en los sueños de una niña asustada para calmarla y aliviar sus fiebres.

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4 respuestas a “El agua correr

  1. ¡Qué bien escribes, Asun! Me ha encantado este post. Al principio, cuando nuestra madre se nos va nos deja un vacío que parece más grande cada día, hasta que, poco a poco, se vuelve a llenar de su presencia y sentimos que la tenemos ahí, como siempre, mirándonos llena de amor y cuidándonos como cuando éramos chicos. Un beso.

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